Haz la prueba en una reunión de un equipo de salud: pide a cada persona que escriba en una línea qué es la salud. Aparecerán respuestas distintas. Para algunos es no estar enfermo; para otros, vivir muchos años; y casi siempre alguien citará la definición de la Organización Mundial de la Salud. Que nos cueste tanto definir lo que decimos cuidar no es un detalle académico. Lo que entendemos por salud decide qué medimos, qué financiamos y a quién atendemos primero.
La definición que todos citamos
La Constitución de la OMS, adoptada en 1946, dice que «la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Fue un avance enorme: sacó la salud del hospital y la llevó a la vida de las personas.
Pero tiene un problema en una sola palabra: completo. Casi nadie vive en un estado de bienestar completo. Con el envejecimiento de la población y el peso de las enfermedades crónicas, la mayoría de las personas quedaría, según esa definición, sin salud. Y hay una paradoja práctica: aunque la definición habla de bienestar, los sistemas de salud se siguen organizando alrededor de la enfermedad. Actúan cuando el daño ya existe, de forma más correctiva que preventiva.
¿Qué es la salud, entonces? Una capacidad
En 2011, un grupo de expertos convocado por Machteld Huber propuso en el BMJ otra forma de entender el concepto de salud, y con ella otra respuesta a qué es la salud: la capacidad de adaptarse y de manejar la propia vida frente a los desafíos físicos, emocionales y sociales.
El cambio parece pequeño, pero mueve el foco. Piensa en dos personas. Una vive con diabetes tipo 2 bien controlada: trabaja, cuida a su familia y toma decisiones sobre su tratamiento. Otra no tiene ningún diagnóstico, pero vive aislada, lejos de cualquier servicio y con estrés que no cede. Con la definición de 1946, ninguna de las dos tiene salud. Con la idea de capacidad, la primera tiene mucha más de lo que su diagnóstico sugiere, y la segunda, menos de lo que su historia clínica muestra.
Tener salud no es la ausencia de problemas. Es contar con lo necesario para enfrentarlos.
La capacidad no vive solo en la persona
Aquí está la idea central de MedicalPoints. Si la salud es una capacidad, esa capacidad no depende únicamente de la biología de cada quien. Depende también de dónde vive, de los servicios que tiene a mano, de su tiempo, de la gente que la apoya y de las decisiones que el entorno hace fáciles o difíciles.
No es una idea nueva. En 1974, el informe Lalonde, en Canadá, describió la salud como un campo con cuatro componentes: la biología humana, el ambiente, los estilos de vida y la organización de los servicios. En 1986, la Carta de Ottawa nombró los requisitos para la salud (paz, educación, vivienda, alimentación, ingreso, un ecosistema estable, justicia social y equidad) y definió la promoción de la salud como proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su salud y ejercer un mayor control sobre la misma.
Dicho con nuestras palabras: las personas deciden; su entorno inclina la balanza. La misma persona, con la misma enfermedad, no tiene la misma capacidad de manejarla si la clínica queda a veinte minutos o a dos horas, o si su horario de trabajo coincide con el horario de atención. Por eso decimos que la salud no es una variable: es una red de relaciones en movimiento. Lo contamos en Cómo ocurre la salud.
La gran película y sus pequeñas tomas
Si la salud depende del contexto, la salud de una población no se entiende con un solo número. Hace falta mirar dos cosas a la vez: la gran película, es decir, el panorama de toda la población, y sus pequeñas tomas, los grupos y lugares donde las cosas ocurren de forma distinta.
Un ejemplo sencillo: el mismo índice de calidad del aire no se manifiesta igual en niños, en adultos jóvenes y en personas mayores. Un indicador que sirve para describir a toda una ciudad puede esconder justo a quienes más importan. Por eso la analítica de salud poblacional empieza por preguntar cuál es tu población y qué grupos quedan por fuera del promedio.
Qué cambia para un equipo de salud
- Medir capacidad, no solo enfermedad. Junto a los diagnósticos, mirar la funcionalidad, la autonomía, el apoyo y el acceso. Son las cosas que dicen si una persona puede manejar su vida con lo que tiene.
- Mirar el contexto antes de culpar a la motivación. Cuando alguien abandona un programa, la razón muchas veces no es falta de voluntad, sino un entorno que hace difícil quedarse.
- Diseñar para la población real. La mayoría de las estrategias se diseñan para una persona promedio que no existe. Tu población no es un promedio.
- Ubicar el problema antes de elegir la herramienta. Fortalecer la capacidad de una población suele combinar problemas de distinto tipo. Lo explicamos en No todo problema de salud necesita el mismo enfoque.
Esto no descarta la definición de la OMS ni el valor de diagnosticar y tratar enfermedades. La propuesta de la salud como capacidad también tiene críticas: no es, por sí sola, un instrumento de medición, y medir la capacidad de adaptarse exige indicadores validados en cada población. Lo que sí sugiere es mirar más allá del diagnóstico.
Comprender cómo ocurre la salud empieza por saber qué estamos mirando. Si tienes una pregunta sobre tu población que tus datos deberían poder responder, conversemos.
Para leer más
- Organización Mundial de la Salud. Constitución de la Organización Mundial de la Salud. 1946.
- Huber M, Knottnerus JA, Green L, et al. How should we define health?. BMJ. 2011;343:d4163.
- Lalonde M. A New Perspective on the Health of Canadians. Ottawa: Government of Canada; 1974.
- Organización Mundial de la Salud. Carta de Ottawa para la Promoción de la Salud. 1986.
- Sotelo JM, Rocabado F. Salud desde el municipio: una estrategia para el desarrollo. Salud Pública de México. 1994;36:439–446.